Nishikori da el título a Nadal

Nishikori da el título a Nadal
Nishikori da el título a Nadal

No hay épica en la victoria de Rafael Nadal, un tímido festejo porque el triunfo fue superficial. El número uno del mundo se proclama campeón del Mutua Madrid Open, otro Masters 1.000 en su carrera para agrandar la leyenda (van 27), pero el desenlace desluce cualquier relato. Nadal perdía 6-2 y 4-2 cuando Kei Nishikori reclamó la presencia del médico, momento decisivo porque ya no hubo partido, una sucedáneo de final hasta que el japonés abandonó sin remedio. El español, que ya dominaba 2-6, 6-4 y 3-0, repite título en Madrid, pero nunca un trofeo le supo a tan poco por la circunstancia. [Narración y estadísticas]

Nishikori se resintió cuando estaba con 4-3 y saque, situación inmejorable para rematar su impecable actuación. Pero fue otro tenista al volver a la pista, mucho más vulgar y errático, nada que ver con el maravilloso jugador que había silenciado a la grada madrileña durante una hora memorable. En ese tramo, fue capaz de reducir a Nadal a la mínima expresión y podrá presumir siempre de eso, pero el título le corresponde al número uno del mundo, que sabe mejor que nadie lo que supone estar en una pista con dolor.

Se antoja difícil explicar un partido tan loco, tan extraño. A Nadal se le abrió la puerta de la victoria cuando entendió que su enemigo ofrecía síntomas de flaqueza, aquejado durante los últimos días de un problema lumbar. Lo tuvo con Feliciano López y con David Ferrer, pero fue superando etapas hasta que llegó a su gran día, la primera final de un Masters 1.000 para un palmarés que apunta a mucho más. De hecho, no pareció que le incomodara nada hasta ese instante, pues su lección fue de matrícula.

Después de un primer juego en blanco para Nadal, Nishikori se encendió para silenciar la Caja, incapaz de comprender semejante final. El japonés atormentó al número uno en todos los aspectos, que perdió dos saques seguidos y se consumió sin remedio en una primera manga fugaz. En 36 minutos, un 6-2 memorable.

Hay mil virtudes en el asiático, orgullo de un país que nunca ha tenido una raqueta tan respetada. Nishikori le pega durísimo a la bola y va siempre al ataque, una centella que corre de lado a lado y que arma el golpe a la velocidad de la luz. Gestionó mucho mejor la situación hasta el extremo de sacar de la pista al héroe español, al que ni siquiera le empujó una grada entregada.

A cada golpe de Nadal le acompañaba un murmullo, un “uhhhh” descorazonador porque casi nunca impactaba bien a la bola. O las dejaba muy cortas o se le iban de mucho, mordidos los intercambios y siempre a remolque. Jamás pudo asumir la iniciativa mientras Nishikori cerraba puños con una seriedad impropia.

Cuesta ver al mallorquín sufrir tanto en una pista y más si es en casa, ante su gente, animado por la Reina en una tarde que invitaba a pensar en la fiesta. El chasco era tremendo porque ni siquiera se intuía la remontada y menis cuando el segundo set empezó de la peor manera posible. Break y consolidación del japonés, directo a la gloria.

Hasta ese descanso del 4-3, hasta que el médico metió mano en la espalda de Nishikori. Ya no pudo ni moverse mientras Nadal aprovechaba la circunstancia para dar valor y brillo a su nombre. Igualó el duelo al apuntarse una segunda manga irreal y el asiático, al poco de empezar la tercera, tiró la toalla cuando comprobó que no podía hacer nada. Ni saque, ni intercambios, ni correr. Nada, una sombra de lo que fue en el inicio, una triste despedida para una raqueta genial.

Se apuntó Nadal el segundo set y voló hasta el 3-0, aunque no había nadie al otro lado de la pista. Nishikori aceptó que no era justo un final tan doloroso y se rindió sin consuelo. "Es difícil esta situación, especialmente para Kei. Sé cómo se siente, me pasó algo similar en Australia. Le iban las cosas de cara y lo siento mucho por él, le deseo que se recupere lo antes posible", comentó el zurdo a pie de pista, sincero al admitir la superioridad del otro. "La ansiedad me ha hecho pasar un mal rato en el primer set y lo que me da este público no me lo da nadie. En el primer set me estaba pegando una paliza".